El universo de Dickens
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Johann Sebastian Bach es para muchos el «padre» de la música. Sorprende que tras una vida corriente, llena de constantes sacrificios e incomprensiones, haya surgido una obra musical de alcance universal. La vida y la obra de este artista se caracterizan por un duro trabajo, un gran esfuerzo y unas ganas de superación que lo han convertido en un músico de los grandes. El estudio de su extenso trabajo contribuye a la conservación del patrimonio cultural contemporáneo. La intención de esta biografia es doble: en primer lugar, rendir homenaje a su persona; en segundo lugar, acercar su vida y su obra especialmente al público juvenil.
Todos queremos ser felices. En el intrincado recorrido que esto conlleva, solemos encontrarnos con un tono emocional que tiñe las relaciones humanas: el resentimiento. Se extiende en conversaciones críticas, en quejas, lamentaciones y pensamientos negativos. Pero también afecta a las amistades, familias y matrimonios. El germen del resentimiento es capaz de ir sembrando un afán de reivindicación o de venganza, provocando problemas sociales, laborales y personales.
Este libro aborda la entramada problemática del resentimiento y la simpleza que otorga el perdón para salir de él. El perdón —cuyo estudio resulta más fácil que su práctica— se nos presenta como un recurso liberador mientras buscamos la felicidad
En 1868, el joven Antoni Gaudí llega a Barcelona para estudiar arquitectura, la pasión de su vida. Su afán de superación se evidencia en sus obras: interpretó el arte de una forma tradicional y a la vez revolucionaria.
Se inspiró en la naturaleza para crear unas formas inéditas en arquitectura, y las plasmó con la ayuda de técnicas artesanales de manipulación de los diversos elementos, como cerámica, piedra y hierro forjado.
A lo largo de su vida proyectó numerosos edificios, y dedicó sus últimos años a la Sagrada Familia, vivo testigo de su lealtad por el trabajo. Su autonomía creativa sentó las bases del arte actual. Ningún otro arquitecto de los tiempos modernos ha tenido en vida o después de su muerte tanta popularidad.
El mundo de la cultura estuvo, durante mucho tiempo, prácticamente cerrado para los invidentes. Pero en el siglo XIX, Luis Braile, consciente de la importancia de la escritura para la autonomía de los ciegos, revolucionó con su sistema de puntos las competencias de sus compañero de ceguera. De esta manera contribuyó a la conservación del patrimonio cultural.
Al dañarse irreparablemente su vista a los tres años, Braille no cejó en la lucha por surealización presonal. No solo llegó a ser profesor y organista a niveles profesionales: su trabajo y su esfuerzo contribuyeron de forma esencial a que la escritura y la lectura no fueran una limitación para sus compañeros de colegio primero, para sus alumnos después, y, finalmente para todos los ciegos del mundo. El reconocimiento oficial de su sistema de lecto-escritura en los pultimos años de us vida, fue un precio a su superación.
«Si usted y su familia actúan irresponsablemente, le mataremos. Por favor coopere». El arquitecto Bosco Gutiérrez Cortina lee el mensaje despacio. Vive desnudo y aislado en un espacio minúsculo, sin luz natural. No escucha una sola voz y no sabe cómo ni por qué ha ido a parar allí. Los gritos y los golpes de cuando lo metieron súbitamente en un coche todavía resuenan en su mente. Aún no sabe que lo esperan 257 días de gran incertidumbre. Los secuestradores se comunican y comienzan las negociaciones. La misión de la familia es recuperar a Bosco. Pero él tiene sus propias negociaciones que resolver: ¿Desesperar o esperar? ¿Limitarse a la miseria de un espacio físico ínfimo o cuidar la riqueza de su “espacio interior”?
Francisco nace en 1506 en el castillo de Javier (Navarra) y muere en una isla del mar de China en 1552, agotado tras diez años de febril actividad como misionero. Sus itinerarios de este tiempo podían dar varias vueltas al mundo. Una muestra de superación y valentía para quien sólo disponía de sus pies. No era Francisco un trotamundos; la razón de sus largas singladuras y caminatas era su decisión de «ayudar al prójimo» en la más profunda de sus necesidades y carencias, cual era el desconocimiento de Dios y de su enviado Jesucristo. Nunca se echó atrás por difícil o arriesgada que fuera la empresa. Y su secreto era que había puesto totalmente su confianza en Dios.
Con fino sentido de adaptación, a ejemplo de san Pablo, Brochero supo “hacerse todo para todos para ganarlos a todos para Jesucristo”. A lomo de mula recorría incansable los senderos montañosos y los caminos polvorientos de los llanos y sierras cordobeses: para asistir a los enfermos y moribundos, para predicar la palabra divina, para atraer las ovejas descarriadas a la práctica del bien y de la virtud. Sabía meterse a fondo en esas almas sencillas.
Brochero tenía el don de la conversación y lo amoldó al modo de ser gaucho. Unía a su léxico y a su valentía la ironía, la espontaneidad, la ocurrencia “paisana”. Y por encima de todo predicaba con el ejemplo: vivía para los demás. «Los filósofos necesitaron, para la difusión de sus doctrinas, el ‘Pórtico’ y ‘la Escuela’, instalados en el corazón de civilizaciones gloriosas; Brochero tuvo por cátedra el lomo de su mula».
Un joven iraquí de familia renombrada toma la decisión de hacerse cristiano. Comienza una persecución, que le llevará a la prisión y a ser acribillado por sus propios parientes …
«Es un hombre de Dios que me hace mucho bien al alma y a mi vida espiritual», dijo Jorge Mario Bergoglio sobre José María Di Paola, más conocido como padre Pepe.
El lector conocerá un estilo sacerdotal muy cercano al propuesto por el papa Francisco al recorrer junto con Di Paola la Villa 21/24, de Barracas, el día en el que ese sacerdote se despidió de su gente tras ser amenazado de muerte. Será testigo también de los hechos que ayudaron al hijo mayor de una familia de clase media porteña a decidir su vocación, de sus crisis y experiencias en el monte santiagueño.
Los siglos XVI y XVII marcan una cima en la literatura española. Autores como Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca son clásicos, porque nos siguen hablando hoy. Nos encontramos con el amor humano y divino entre los versos renacentistas de Garcilaso y las alturas místicas de san Juan de la Cruz. Leyendo el Quijote nos enfrentamos ante la alternativa entre una vida llena de ideales o un realismo ramplón. Segismundo nos pone delante de la tenue frontera entre el mundo real y el mundo virtual, entre la vigilia y el sueño. Temas de hoy y de siempre. El autor nos lleva de la mano por un mundo pasado, para que profundicemos en las entrañas de la naturaleza humana.
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